“Friends”, una serie por la que no pasan los años

Se estrenó en 1994 y aún hoy en día sigue aumentando el número de seguidores de Friends, aunque ya hayan pasado 8 años de su final. Friends retrata como ninguna una otra las vivencias de un grupo de amigos de entre la veintena y la treintena y todos nos sentimos fácilmente identificados con sus protagonistas: Rachel, Monica, Phoebe, Ross, Joey y Chandler, de los cuáles, no sé vosotros, pero nunca he conseguido quedarme con uno sólo de ellos. Por primera vez no tengo personaje favorito y cada uno me gusta por algo diferente.

La magia de Friends es hablar de situaciones atemporales, momentos que todos pasamos y sentimos. Da igual que la moda cambie o la tecnología avance a ritmos insospechados. Vemos un episodio de esta serie y nos sorprende cómo puede llegar a ser de actual.

Es mi sitcom de cabecera, mi comedia predilecta, de la que muchas series posteriores se han querido inspirar con más o menos éxito. Es por ello que he decidido homenajearla como se merece: Escogiendo 10 momentos (bueno, o alguno más), uno por temporada. Ha sido una decisión difícil, seguro que hay escenas mejores o me olvido de secuencias míticas. Pero lo que tengo claro es que todos os sacarán una sonrisa, algo que nuestros amigos del Central Perk consiguieron hacer a lo largo de 10 largos años.

Temporada 1: Así empezó todo. Novia a la fuga

 

Temporada 2: El momento más esperado.

 

Temporada 3: Joey y Chandler adoptan un pollo y un pato

 

Temporada 4: Aquí no he podido evitar seleccionar dos momentos: Cuando Mónica y Rachel pierden su apartamento… y el famoso “¡nos estábamos tomando un descanso!”

 

Temporada 5: Mónica y Chandler empiezan a salir juntos… y poco a poco todos se van enterando.

 

Temporada 6: Las Vegas. No conducir bajo los efectos del alcohol. Ni casarse.

 

Temporada 7: La boda de Chandler y Mónica

 

Temporada 8: Cuando Rachel le cuenta a Ross que está embarazada. Es uno de mis momentos favoritos de la serie. Y quizás, una de las mejores temporadas.

 

Temporada 9: Y Phoebe se echó novio formal, Mike. Aquí intenta hacerse la pija para gustar a los padres de él.

 

Temporada 10: Y la serie llegó a su fin. Doble vídeo de nuevo. Por fin y tras 10 años vemos el final esperado de la relación de Ross y Rachel. Y, a continuación, la última escena.

 

Bonus Track (por si aún se os pone algo en la garganta tras ver el final y queréis sonreir): Phoebe Greatest Hits

El Rey León: Érase una vez mi infancia

Actualmente las producciones de Pixar, la mayoría obras maestras, son las reinas del cine de animación. Son historias de las que los adultos disfrutamos según y como más que los niños. Son perfectas. Sólo que no lo son. Aún no tengo muy claro que esas películas que tanto entusiasman a los mayores consigan marcar un antes y un después en la vida de los que ahora son niños.  Supongo que el tiempo nos dará la respuesta.

Mi película de dibujos animados preferida es El Rey León. Posiblemente, si analizamos los aspectos formales de la cinta, ésta sea superada por las maravillas de Pixar. Pero a veces a la hora de valorar una cinta nos olvidamos de los sentimientos, de lo que sentimos al verla. Para mi el cine es, entre muchas otras cosas, sensaciones y sentimientos, y lo que vivo al ver El Rey León no lo siento con ninguna otra. Es la película que marcó mi infancia, y quién sabe, si algo de lo que soy hoy se lo debo a las cientos de veces que vi con 8-9 años la película sobre el rey de la selva.

Me gustaría volver atrás en el tiempo para verme a mi misma disfrutando por primera vez de El Rey León. No lo recuerdo. Tendría unos 8 años. Pero lo que no olvidaré es que esa Navidad ya estaba como loca pidiendo el cassette con la banda sonora, el comic, el libro y los muñecos de la película. A partir de entonces empecé a escuchar una y otra vez la banda sonora, imitaba las voces de los personajes e incluso las piezas instrumentales me gustaba escucharlas porque me hacía recordar momentos de la peli. El día de mi comunión, mientras me vestía y mi peluquera me peinaba, sonaban una y otra vez las canciones de El Rey León. Puede que no sólo sea la película de mi infancia, si no también la banda sonora de una época, la de la inocencia, la despreocupación y los juegos.

Cuando más disfrutaba era cuando sacaba todos mis muñecos del filme (Simba, Nala, Mufasa, Zazú, Scar…) junto a otros muñecos de animales de la selva y empezaba a inventarme mil y una historias. Inclinaba un libro con una goma de borrar debajo para que pareciera la roca del rey y convertía mi habitación en una selva a base de ingenio. Era mi juego favorito. Ni Barbies ni Nenucas. La rivalidad-batalla entre los leones era mi leitmotiv. Siempre he sido una niña (y una mujer) con mucha imaginación y El Rey León me la disparó a niveles insospechados. Mis juegos siempre tenían un componente realista, con traiciones y muertes traumáticas a lo Mufasa, y mis padres a veces me observaban en la sombra sorprendiéndose del tipo de historias que me inventaba. Siempre me gustó que en la película no hubiera personajes “débiles” e incluso Nala tuviera más fuerza que Simba. No me gustaba que siempre en las películas las princesas fueran delicadas y tuvieran que ser salvadas. Sinceramente, creo que fue uno de los puntos que más me marcó de la película. Eso y el Hakuna Matata.

Los que nacimos a mediados de los 80 somos la generación del Hakuna Matata. Una generación luchadora, que peleamos por lo que creemos que nos pertenece, pero que a la misma vez intentamos ser feliz pese a las circunstancias y no angustiarnos. Mi vida no ha sido fácil en muchos momentos y reconozco que mi voluntad de intentar ser feliz pese a todo me ha ayudado a sentirme bien incluso cuando las cosas han ido mal. El sentido del humor al más puro estilo Timón y Pumba es indispensable en mi vida y me gusta tener a mi alrededor personas muy diferentes a mi. ¿Cómo podían ser amigos Pumba, un jabalí, y Simba, un león?

Me gusta cuando la gente se sorprende de la gran amistad que puedo tener con según quién. Me gusta sentir que la gente que me rodea me complementa por muy diferentes que seamos.

¿Estoy exagerando o realmente puede marcarte tanto una película? Cuando eres niño y estás desarrollando lo que en el futuro será tu personalidad, a veces el detalle más pequeño te marca para siempre. Yo veo El Rey León y vuelvo a sentir lo que sentía de niña. Con el primer acorde del Ciclo de la Vida noto nostalgia y emoción. Recito sus canciones o diálogos y siento que dentro de mi aún vive esa niña. Y nunca la dejaré ir.

Para mi El Rey León es todo esto. ¿Cómo no queréis que sea mi película de animación preferida?