“Gran Hotel”: Ficción española de calidad

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En nuestro país solemos quejarnos de la poca calidad de las series españolas: mal hechas, guiones que no hay por dónde cogerlos, tramas que siempre aspiran a llegar a toda la familia o que se alargan hasta la saciedad… Con el tiempo el espectador se ha vuelto más exigente con lo que ve, seguramente como consecuencia del boom de las series americanas y británicas de calidad. Paralelamente, una productora española llamada Bambú Producciones empezó a lanzar series ambiciosas, con una cuidada ambientación y con tramas más elaboradas que se atrevían a dejar de lado el público familiar para centrarse en el adulto. Gran Reserva, Guante Blanco, Hispania y Gran Hotel son el resultado de esta filosofía.

Hoy quiero centrarme en Gran Hotel, una serie de la que estoy completamente enganchada y que creo que nadie que disfrute de una buena serie se debería perder. Muchos la ningunearon al principio al verla sólo como la adaptación española de Downtown Abbey, aunque con el paso de los episodios lo único que queda de parecido entre ellas es la época en la que están ambientadas.

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Gran Hotel es una mezcla perfecta entre misterio y romance, con ciertos toques de humor. Está protagonizada por un elenco envidiable, posiblemente su primera gran baza: Adriana Ozores, Concha Velasco, Pep Antón Muñoz, Amaia Salamanca, Yon González, Luz Valdenebro, Eloy Azorín, Pedro Alonso, Llorenç González… Sin olvidar apariciones más episódicas, pero también inolvidables, como el desaparecido Juan Luis Galiardo, Asunción Balaguer o Lydia Bosch. Sus tramas están salpicadas, en su mayoría, por la lucha de poder por conseguir hacerse con el total control del hotel. En segundo plano queda la historia de amor entre Alicia y Julio (Amaia y Yon), quizás la trama que más flojea en algunos momentos, ya que a veces se echa en falta algo más de pasión y efusividad (no puede ser que la pareja esté en una habitación secreta y sólo estén sentados el uno al lado del otro, por muy a principios del siglo XX que estén). Aunque este último punto, después de la confesión de Alicia a Diego, puede que se ponga más que interesante.

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Si hay algo con lo que disfruto de la serie es con el nivel de “hijoputismo” de muchos de sus personajes. Doña Teresa y Don Diego son los reyes en este terreno. Comprobar hasta dónde pueden llegar para lograr sus objetivos es siempre uno de los momentos más esperados. Aunque, de hecho, son pocos los personajes que no esconden una cara oscura y la mayoría estarían dispuestos a lo que fuera por salirse con la suya. Las acciones del personaje de Belén, por ejemplo, son siempre un punto a favor, sobretodo cuando se enfrenta a Don Diego o a Ángela. También espero con ansias el día en que Andrés deje de ser tan buenazo y dé un verdadero golpe sobre la mesa. Quiero ver la vena “hijoputa” de Andrés, aunque sea por una buena causa. Caso aparte es Javier Alarcón, papel interpretado por Eloy Azorín. Hay quién dice que sus tramas cómicas sobran porque sabemos que aunque se meta en líos, siempre acaba “bien”. A mi sus tramas me divierten y suponen un pequeño relajo dentro de la tensión de algunos episodios. Es como el Hugo de Lost, pero siendo un vividor mujeriego y fiestero. Pensad que podría haber un niño/niña con tramas infantiloides ocupando su lugar. Es lo que pasaría en otras series. Así que sí, estoy encantada con Javier.

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Luego están los personajes que considero más carismáticos de la serie: el detective Ayala (Pep Antón Muñoz) y Ángela (Concha Velasco). En el caso de estos personajes se juntan actuaciones sublimes y personajes que son un caramelo. Puedo afirmar sin dudar que disfruto cada línea que pronuncian el detective Ayala y Ángela. Muchos seguidores incluso reclaman un spin-off para el detective Ayala, un inspector Poirot a la española al que no se le escapa nada. Yo también me apuntaría a ver esa serie una vez se diera por finalizada Gran Hotel.

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Uno de los puntos fuertes de Gran Hotel es que tiene la buena costumbre de centrarse en una trama por temporada. En la primera fue la desaparición de Cristina Olmedo, la hermana de Julio, y en la segunda (partida finalmente en 2, creando una ficticia tercera temporada) la muerte de Don Carlos Alarcón, padre de Alicia. Las tramas quedan perfectamente unidas entre temporadas, pero a la vez, se van cerrando temas, lo que favorece a que no quede nunca misterios sin resolver (esto no es El Barco). Sí que es verdad que esta segunda temporada ha perdido cierta intensidad respecto a la primera, algo más breve. Creo que Gran Hotel sale ganando con temporadas más cortas, ya que así los capítulos concentran más acción y consiguen mantener enganchados a los espectadores en cada uno de sus 70 minutos de duración.

Y no puedo hablar de Gran Hotel sin citar su cuidada ambientación y fotografía. El Gran Hotel está tan bien recreado que incluso algunos llaman al Palacio de la Magdalena de Santander para “reservar habitación”. Los paisajes verdes, rurales, con acantilados y playas son, además, un marco incomparable para ambientar las tramas.

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Por otro lado, recuerdo que una de las cosas que me llamó la atención en los primeros episodios fue la creatividad en el montaje de las escenas de flashbacks, que fusionaban en el mismo plano pasado y presente. Esto se ha perdido en la segunda temporada y lo echo de menos, creo que dotaba a los episodios de una gran personalidad. Aunque han seguido dando destellos de calidad en este sentido, como ese plano del último episodio en el que mediante la imagen fija de un pasillo veíamos como pasaban las horas, la noche acababa y amanecía, y todo ello sólo a través de la evolución de la luz, hasta que finalmente una doncella apagaba la bombilla de la lámpara. Me encantó este detalle. Sí, Gran Hotel es una serie que cuida los detalles desde el minuto uno. Sin ir más lejos, me declaro una enamorada de su cabecera, formada por fotografías antiguas que incorporan animación, dándole así a las imágenes un punto inquietante.

El próximo martes se inicia la tercera temporada real, que no sé si la cadena considera cuarta temporada. Tras el apoteósico final que nos ofrecieron el pasado martes, con uno de los mejores episodios de la serie, las expectativas son altas. Estamos ante un punto de inflexión. Esperemos que la calidad y el interés marca de la casa se mantenga. Yo “me alojo” en el Gran Hotel desde el primer día y creo que fue una de las mejores decisiones -televisivamente hablando- que he tomado. Si tú aún no lo has hecho, te invito a que lo hagas. Ya me contarás qué tal la experiencia.

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“Friends”, una serie por la que no pasan los años

Se estrenó en 1994 y aún hoy en día sigue aumentando el número de seguidores de Friends, aunque ya hayan pasado 8 años de su final. Friends retrata como ninguna una otra las vivencias de un grupo de amigos de entre la veintena y la treintena y todos nos sentimos fácilmente identificados con sus protagonistas: Rachel, Monica, Phoebe, Ross, Joey y Chandler, de los cuáles, no sé vosotros, pero nunca he conseguido quedarme con uno sólo de ellos. Por primera vez no tengo personaje favorito y cada uno me gusta por algo diferente.

La magia de Friends es hablar de situaciones atemporales, momentos que todos pasamos y sentimos. Da igual que la moda cambie o la tecnología avance a ritmos insospechados. Vemos un episodio de esta serie y nos sorprende cómo puede llegar a ser de actual.

Es mi sitcom de cabecera, mi comedia predilecta, de la que muchas series posteriores se han querido inspirar con más o menos éxito. Es por ello que he decidido homenajearla como se merece: Escogiendo 10 momentos (bueno, o alguno más), uno por temporada. Ha sido una decisión difícil, seguro que hay escenas mejores o me olvido de secuencias míticas. Pero lo que tengo claro es que todos os sacarán una sonrisa, algo que nuestros amigos del Central Perk consiguieron hacer a lo largo de 10 largos años.

Temporada 1: Así empezó todo. Novia a la fuga

 

Temporada 2: El momento más esperado.

 

Temporada 3: Joey y Chandler adoptan un pollo y un pato

 

Temporada 4: Aquí no he podido evitar seleccionar dos momentos: Cuando Mónica y Rachel pierden su apartamento… y el famoso “¡nos estábamos tomando un descanso!”

 

Temporada 5: Mónica y Chandler empiezan a salir juntos… y poco a poco todos se van enterando.

 

Temporada 6: Las Vegas. No conducir bajo los efectos del alcohol. Ni casarse.

 

Temporada 7: La boda de Chandler y Mónica

 

Temporada 8: Cuando Rachel le cuenta a Ross que está embarazada. Es uno de mis momentos favoritos de la serie. Y quizás, una de las mejores temporadas.

 

Temporada 9: Y Phoebe se echó novio formal, Mike. Aquí intenta hacerse la pija para gustar a los padres de él.

 

Temporada 10: Y la serie llegó a su fin. Doble vídeo de nuevo. Por fin y tras 10 años vemos el final esperado de la relación de Ross y Rachel. Y, a continuación, la última escena.

 

Bonus Track (por si aún se os pone algo en la garganta tras ver el final y queréis sonreir): Phoebe Greatest Hits