El Rey León: Érase una vez mi infancia

Actualmente las producciones de Pixar, la mayoría obras maestras, son las reinas del cine de animación. Son historias de las que los adultos disfrutamos según y como más que los niños. Son perfectas. Sólo que no lo son. Aún no tengo muy claro que esas películas que tanto entusiasman a los mayores consigan marcar un antes y un después en la vida de los que ahora son niños.  Supongo que el tiempo nos dará la respuesta.

Mi película de dibujos animados preferida es El Rey León. Posiblemente, si analizamos los aspectos formales de la cinta, ésta sea superada por las maravillas de Pixar. Pero a veces a la hora de valorar una cinta nos olvidamos de los sentimientos, de lo que sentimos al verla. Para mi el cine es, entre muchas otras cosas, sensaciones y sentimientos, y lo que vivo al ver El Rey León no lo siento con ninguna otra. Es la película que marcó mi infancia, y quién sabe, si algo de lo que soy hoy se lo debo a las cientos de veces que vi con 8-9 años la película sobre el rey de la selva.

Me gustaría volver atrás en el tiempo para verme a mi misma disfrutando por primera vez de El Rey León. No lo recuerdo. Tendría unos 8 años. Pero lo que no olvidaré es que esa Navidad ya estaba como loca pidiendo el cassette con la banda sonora, el comic, el libro y los muñecos de la película. A partir de entonces empecé a escuchar una y otra vez la banda sonora, imitaba las voces de los personajes e incluso las piezas instrumentales me gustaba escucharlas porque me hacía recordar momentos de la peli. El día de mi comunión, mientras me vestía y mi peluquera me peinaba, sonaban una y otra vez las canciones de El Rey León. Puede que no sólo sea la película de mi infancia, si no también la banda sonora de una época, la de la inocencia, la despreocupación y los juegos.

Cuando más disfrutaba era cuando sacaba todos mis muñecos del filme (Simba, Nala, Mufasa, Zazú, Scar…) junto a otros muñecos de animales de la selva y empezaba a inventarme mil y una historias. Inclinaba un libro con una goma de borrar debajo para que pareciera la roca del rey y convertía mi habitación en una selva a base de ingenio. Era mi juego favorito. Ni Barbies ni Nenucas. La rivalidad-batalla entre los leones era mi leitmotiv. Siempre he sido una niña (y una mujer) con mucha imaginación y El Rey León me la disparó a niveles insospechados. Mis juegos siempre tenían un componente realista, con traiciones y muertes traumáticas a lo Mufasa, y mis padres a veces me observaban en la sombra sorprendiéndose del tipo de historias que me inventaba. Siempre me gustó que en la película no hubiera personajes “débiles” e incluso Nala tuviera más fuerza que Simba. No me gustaba que siempre en las películas las princesas fueran delicadas y tuvieran que ser salvadas. Sinceramente, creo que fue uno de los puntos que más me marcó de la película. Eso y el Hakuna Matata.

Los que nacimos a mediados de los 80 somos la generación del Hakuna Matata. Una generación luchadora, que peleamos por lo que creemos que nos pertenece, pero que a la misma vez intentamos ser feliz pese a las circunstancias y no angustiarnos. Mi vida no ha sido fácil en muchos momentos y reconozco que mi voluntad de intentar ser feliz pese a todo me ha ayudado a sentirme bien incluso cuando las cosas han ido mal. El sentido del humor al más puro estilo Timón y Pumba es indispensable en mi vida y me gusta tener a mi alrededor personas muy diferentes a mi. ¿Cómo podían ser amigos Pumba, un jabalí, y Simba, un león?

Me gusta cuando la gente se sorprende de la gran amistad que puedo tener con según quién. Me gusta sentir que la gente que me rodea me complementa por muy diferentes que seamos.

¿Estoy exagerando o realmente puede marcarte tanto una película? Cuando eres niño y estás desarrollando lo que en el futuro será tu personalidad, a veces el detalle más pequeño te marca para siempre. Yo veo El Rey León y vuelvo a sentir lo que sentía de niña. Con el primer acorde del Ciclo de la Vida noto nostalgia y emoción. Recito sus canciones o diálogos y siento que dentro de mi aún vive esa niña. Y nunca la dejaré ir.

Para mi El Rey León es todo esto. ¿Cómo no queréis que sea mi película de animación preferida?

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